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Homenaje a Neri

Necesito escribir. Falleció esta mañana un compañero de la vida.

Nos conocimos en 1973 (algo así como un 2019 de la generación del 70). Cursábamos ambos 5to año del secundario: en mi caso en Don Bosco, él en el Instituto Peralta Ramos. Salesianos y maristas era el clásico de aquellos años en nuestra querida Mar del Plata.

Rivalidad de por medio, un curita salesiano había iniciado una recorrida por los colegios católicos y nos llevaba a algunos de sus alumnos a “dar testimonio”…ese día conocí a Neri: en la capilla San Patricio de los maristas en Jujuy y Chacabuco. Cuando terminó la charla él se acercó y conversamos un rato: ahí, hace 46 (cuarenta y seis) años, nació un vínculo de compañerismo y amistad que atravesó nuestra historia. Como todas las amistades con picos y caídas, pero siempre con la fluidez inmediata de quienes nos conocemos.

Ese mismo año fui su padrino del sacramento de la Confirmación y compartimos, con la velocidad de esos meses inolvidables del 73, los grupos juveniles, la Casa de los Jóvenes, los Cursos de Promoción, la Marcha de la Esperanza…en fin, otras veces he reflexionado sobre este componente de nuestra historia colectiva y común.

Nos anotamos juntos en el Profesorado de Historia que comenzó siendo de la antigua Universidad Católica y terminó el año siendo Universidad Nacional con un breve paso por la Provincia de Buenos Aires.

Siempre fue un placer compartir experiencias con el Negro Neri: su alma libre y bohemia me atrajo en forma particular. Cursamos Filosofía con “Coca” Maggi que fue asesinada vilmente. Antes, aprendimos Hegel con ella: Neri era especial para filosofar, lo siguió siendo hasta hoy.

Vivíamos cerca en Parque Luro: estudiábamos en mi casa y en la vieja casa de la calle Falkner donde conocí a su entrañable mamá. Un tiempo compartimos el mismos grupo juvenil hasta que el Negro Neri y un grupo cargado de chicos y chicas de gran valor fundaron la UB 26 de Julio y se fueron a militar al Barrio Las Heras.

Al Negro le impactó muchísimo la muerte de Juan Perón: como pudo viajó y estuvo en aquellas largas colas que cada tanto muestra la tele. Neri era así: peronista, idealista, sanguíneo.

Neri admiraba a los profetas de la Biblia y a los primeros padres (la “Patrística”): los leyó y los estudió. Tuvo ese don de la denuncia que lleva consigo el profeta: capaz de mirar muy lejos aunque el presente se vea oscuro.

Al año siguiente mudó su carrera a Derecho que finalmente fue su estudio universitario. Tardó pero llegó: era riguroso en el método ( lo habíamos aprendido en Historia de la mano de un maestro de la investigación). Mientras trabajaba de lo que fuera: se daba maña para todo…

Cuando nos casamos en 1978 con Susana, Neri fue uno de nuestros testigos. Recuerdo aquel célebre momento en el cual cuando le tocaba firmar, sacó su “Parquer” con pluma y le dijo a la jueza que él firmaría con esa lapicera, al mismo tiemp la jueza le indicó que debía firmar con la misma birome de los demás y, con esa gracia que lo caracterizaba, colocó el capuchón y sonriente – su sonrisa en su tez morena era clásica -, estampó su firma. Esa era Neri: leal amigo y compañero, gran tipo.

Ya en aquellos años nos unía una idéntica devoción: el vino. Disfrutamos compartir el vaso de vino a lo largo de tantos y tantos años de amistad.

Por ese tiempo logramos juntos un objetivo: su ingreso como preceptor al Instituto Don Bosco. Costó pero lo logramos. Nuestro equipo de preceptores era imbatible y a él se sumó nuestro encargado de laboratorio. La pasamos muy bien como grupo teníamos ideas e intereses comunes en aquellos años terribles de la dictadura militar. Otro cura, el salesiamo Pascual Bonfigli nos ayudó mucho.

Esa matriz común nos llevó en 1984 y 1985 a descubrir que había un sindicato con Personería Gremial para los docentes privados: el SADOP. Habíamos jugado polìticamente, Neri al frente por supuesto, y habíamos perdido…el sindicalismo docente fue nuestra piedra de anclaje. Nos afiliamos, la peleamos y en 1989 ganamos el SADOP. De ahí que un joven dirigente nos haya bautizado como “la generación del 89”.

Neri no dudó en mudarse a Buenos Aires profundizando su compromiso sindical. Los años sub siguientes son historias conocidas: Neri fue un artífice no solo porque fue de los primeros sino porque quizás fue el que mejor y más profundamente comprendió la naturaleza de la relación laboral de los docentes privados. En ese sentido, fue maestro para todos y todas.

Olvidé algo importante: a partir de 1985 el Instituto Pablo Tavelli era nuestro búnker, un proyecto educativo que nos apasionaba y un proyecto sindical que soñamos. Neri tuvo allí sus últimas horas como docente de media: los alumnos lo amaban; como viajaba, daba las siete horas en el mismo día: el Neri docente de aula fue una de sus grandes cualidades.

Estuvimos juntos desde que ganamos SADOP en 1989 hasta que nos despedimos de la conducción nacional este año 2019. Neri me recibió cuando en 1999 accedí a Nación: una vez más, como en el 73, compañeros de ruta.

Viví de cerca sus reflexiones sobre su paternidad: era muy feliz con su hija.

Neri tuvo el respeto de los tres grandes líderes que dio la historia de SADOP hasta hoy: Morant, Ghilini y Cuyás. En los momentos complicados escuché muchísimas veces: “hay que consultar a Neri”.

Ser compañeros y amigos no evitó (no debía porque hacerlo) que tuviésemos diferencias fuertes de enfoque, opinión y opciones tanto polìticas como sindicales. Algunas veces nos distanciamos pero siempre nos re-encontramos hasta estos últimos años que, vaya a saber porque motivos, no logramos conjugar posiciones aunque no por eso dejamos de hablar, debatir y, por supuesto, tomar un buen vino.

En el momento más difícil de mi historia sindical, Neri estuvo a mi lado con sus consejos sabios y asumiendo el difícil papel que le encomendaron: “soy el único capaz de fumar bajo el agua” dijo sonriente. Neri era esgrimista en el debate pero duro y contundente cuando soltaba su locuacidad para fundamentar y argumentar.

Hoy cuando me avisaron, no lo podía creer. El Negro Neri falleció ¡Qué dolor! No lo pude despedir.

Daniel E. Di Bártolo

20 de diciembre de 2019.

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