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“Nuestra derrota estuvo siempre implícita en la victoria ajena; nuestra riqueza ha generado siempre nuestra pobreza para alimentar la prosperidad de otros: los imperios y sus caporales nativos”.
Eduardo Galeano.

Consumado el golpe contra Evo Morales, Presidente del hermano Estado Plurinacional de Bolivia, una sombra se proyecta sobre nuestro continente. Lo que creíamos parte de un pasado oprobioso que ya habíamos superado, vuelve a suceder de un modo absolutamente escandaloso. En el vecino país, cúpulas militares sublevándose contra el Presidente legítimo y “sugiriéndole” la renuncia vía la extorsión y amenaza de estallido social.

La deliberadamente ausente UNASUR, la postura de una OEA que se alinea políticamente con la oposición y el silencio del MERCOSUR, allanan el camino para el quiebre del orden institucional en Bolivia.


Hoy nuestra América Latina se sacude al ritmo de tensiones muy profundas, atravesada por procesos políticos que se entrecruzan y generan crisis e incertidumbre. Los procesos populares que intentan avanzar para recuperar esa identidad de Patria Grande Sanmartiniana y Bolivariana, se ven jaqueados por una derecha capitalista y neoliberal que lejos de estar derrotada avanza con una voracidad inusitada.

Las expresiones del pueblo chileno, manifestándose en la calle para decirle basta a la opresión, a la violencia y a la represión; la libertad del ex Presidente de Brasil, el Cro. Luis Inácio Lula da Silva; la victoria del Frente de Todos en nuestro país, son señales de una América que da lucha por encontrarse a sí misma y salir adelante, pese a todas las dificultades.


Sin embargo, no podemos obviar los procesos políticos que en dirección contraria y con todo su poder a cuestas, intentan clausurar la noción de Patria Grande, de integración regional, de Gobiernos populares, para consolidarse en su histórico rol de gendarmes del imperio. Como bien expresa el maestro Eduardo Galeano: “El bienestar de nuestras clases dominantes, dominantes hacia dentro, dominadas desde fuera es la maldición de nuestras multitudes condenadas a una vida de bestias de carga.”

Estas embestidas de la derecha vernácula, por vías institucionales o por medio del empleo de la fuerza, persiguen ineludiblemente el mismo objetivo, sostener un statu quo que significa privilegiar los intereses de las elites dominantes y abortar los procesos de emancipación y liberación popular en nuestra región. La consecuencia para nuestros pueblos es tristemente conocida y consiste en el avasallamiento y vulneración de los derechos humanos de las mayorías silenciosas.

Urge declarar el estado de alerta y promover la organización social, para cerrar el paso y clausurar la estrategia de una derecha que está luchando denodadamente por imponerse en toda su magnitud, para imponer sus recetas históricas que sólo significan postergación y sometimiento para el pueblo, para una América Latina que hoy vuelve a tener sus venas abiertas.

Patricia Mounier
Secretaria de DD.HH.
SADOP

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