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Por Rogelio Alaniz

Fue una rebelión popular, una gran rebelión popular. Los historiadores estiman que su antecedente más inmediato fueron las jornadas de lucha de la Semana Trágica ocurrida en 1919. Podrá discutirse si la rebelión fue revolucionaria o reformista. Los izquierdistas de entonces, y algunos de ahora, llegaron a considerar al Cordobazo como un ensayo revolucionario o la antesala de la toma del poder. Hoy esas apreciaciones parecen un tanto exageradas, no obstante lo cual a nadie se le escapa que el Cordobazo fue posible, entre otras cosas, por la presencia de una izquierda -peronista y no peronista- que además de influir en el estudiantado y los intelectuales influía en el movimiento obrero y en más de un caso era su conducción.

El cordobazo tuvo tres protagonistas sociales: los estudiantes, los obreros y las clases medias. Una dirección política expresada en tres importantes líderes obreros. Atilio López, Agustín Tosco y Elpidio Torres. López y Torres eran peronistas; Tosco de izquierda. Para todos el enemigo siempre estuvo en claro. Se llamaba Juan Carlos Onganía, titular de la dictadura que había derrocado al presidente constitucional Arturo Illía

El golpe de estado del 28 de junio de 1966 había tenido el descaro de autodenominarse ” Revolución argentina”, dos palabras innecesarias y equívocas porque, a decir verdad, no fueron revolucionarios en tanto que expresaron las ideas, los prejuicios y los intereses que hasta el sociólogo más moderado calificaría de derecha autoritaria, ni fue argentina porque expresó desde la perspectiva económica el más desenfadado proceso de desnacionalización de la economía nacional.

El cordobazo no derrocó a la dictadura pero la hirió de muerte. El delirio de Onganía sobre las virtudes de un régimen militar que se extendería por dos décadas inicio su cuenta regresiva a los tres años de haber llegado al poder. La paz social promovida por la dictadura, su afán castrense de orden y disciplina llegó a su fin en esas jornadas de mayo de 1969. Ni la ley anticomunista, ni la declaración del estado de sitio, ni los tribunales militares que juzgaron y condenaron a prisión a Tosco y Torres lograron impedir lo inevitable. A partir de esa fecha las movilizaciones populares se incrementaron y la crisis de autoridad fue tan evidente que los primeros que la registraron fueron precisamente los generales “liberales” que empezaron a preparar salidas alternativas al mesianismo corporativo de Onganía.

Es más, testimonios posteriores permiten suponer que el cordobazo de alguna manera fue “permitido” por un sector de las fuerzas armadas. Como se sabe los militares ingresaron a la ciudad de Córdoba para poner orden después de las cinco de la tarde. ¿Por que no lo hicieron antes? Porque estaban interesados en que el conflicto se extendiera lo más posible para poner en evidencia la incapacidad de Caballero, gobernador de Córdoba, y del propio Onganía para asegurar el orden.

El Cordobazo, ocurrido el jueves 29 de mayo de 1969, fue la culminación de una suma de estallidos populares iniciados ese mes. Todo empezó con la movilización de los estudiantes de Corrientes en contra del aumento del tickets del comedor universitario. En esa jornada fue asesinado el estudiante Juan José Cabral.

Una digresión personal puedo permitirme. Yo entonces tenía 18 años y vivía en una casa de estudiantes de 4 de enero y Mariano Comas. Esa madrugada -lloviznaba y hacía frío- llegaron cuatro o cinco muchachos para avisarnos que estaba convocada una asamblea general en el Sindicato de Artes Gráficas, sede de la “CGT de los argentinos”. Desde ese momento nunca más dejé de militar. Actos callejeros, pintadas en las paredes reclamando el fin de la dictadura, asambleas universitarias y manifestaciones por calle San Martín se transformaron en una constante, casi en una rutina.

Anécdotas más anécdotas menos, lo que me sucedió a mí no fue muy diferente a la experiencia vivida por toda una generación. Para bien o para mal, descubrimos la política en la resistencia a la dictadura de Onganía que se inició en ese ya lejano mes de mayo. Fue un gesto generoso, limpio, pero como en la vida nada es gratuito, iniciarse en la política en el desacato y la rebelión a la larga o a la corta cobra su precio. Para algunos el precio fue la vida, para otros la cárcel durante algunos años y para todos una experiencia generacional intransferible que luego los rigores de los años, los desencantos de la política y las ideologías atemperarán, moderarán, pero no borrarán de la memoria.

Lo que sucedía en Santa Fe se expresaba de manera más o menos parecida en todas las universidades de la Argentina. El 18 de mayo estalla “el rosariazo”. Los estudiantes y los trabajadores ganan la calle y como consecuencia de la represión mueren Bello y Blanco. Para esa altura del mes el país ardía. En Tucumán, La Plata y Buenos Aires las movilizaciones estudiantiles y populares estaban a la orden del día.

En Córdoba, el miércoles 14 de mayo hay una histórica asamblea obrera en el Córdoba Sport Club. Allí se declara un paro general para el viernes 17 de mayo. Las reivindicaciones obreras eran precisas: defensa del sábado inglés y contra las quitas zonales. El 19 de mayo el gobierno nacional cierra la universidad calificada como «nido de comunistas».

Ni la represión, ni las amenazas de intervenciones militares detiene lo que ya para muchos es considerado inevitable. El martes 27 de mayo se declara el paro activo con movilización obrera de 36 horas. Hasta el Lobo Vandor está de acuerdo con la movilización. Un mes más tarde será asesinado en su búnker de la UOM. Pero eso ya es otra historia. O la misma, pero escrita en otro capítulo.

La suerte está echada. El jueves, a partir de las diez de la mañana las columnas de obreros provenientes de las empresas automotrices marchan hacia el centro de la ciudad. El ministro Krieger Vasena, nieto del Vasena de los talleres metalúrgicos que dieron origen a la ” semana trágica” de 1919, está desconsolado. ” Esto no me lo pueden hacer los obreros mejores pagos de la Argentina” dice. Algo parecido había dicho el ministro del Interior, Borda, respecto de la movilización estudiantil en Corrientes: “No entiendo por qué tanto desorden si el aumento del tickets del comedor son apenas unas monedas”.

El problema de Borda, de Krieger Vasena y de Onganía era precisamente ése: habían dejado de entender lo que sucedía. Por ignorancia, por estrechez ideológica, por economicismo ramplón, no terminaban de hacerse cargo de la historia argentina de los últimos años.

¿Fue tan así? Por supuesto. Si en 1955 el peronismo quedó fuera de la ley, en 1966 la “Noche de los bastones largos” demostrará que también quedaban fuera del sistema los estudiantes y las capas medias de la sociedad.

¿Alguien planificó la rebelión popular de Córdoba? No hay noticias acerca de un comité revolucionario o algo parecido ¿Fue entonces una movilización espontanea? Hasta cierto punto sí, pero sólo hasta cierto punto. Toda rebelión popular tiene componentes de espontaneidad. Córdoba no fue la excepción. La movilización obrera de las once de la mañana se transforma en jornada de lucha al medio día y en rebelión popular a las 3 de la tarde. Esa dinámica no obedece a ninguna planificación, nace de la naturaleza misma de la crisis.

¿Tuvo objetivos revolucionarios? Si por revolución se entiende un cambio radical del sistema, el Cordobazo no fue revolucionario más allá de la subjetividad de algunos de sus protagonistas. Hoy a la distancia podría decirse que su objetivo fue el derrocamiento de la dictadura y el retorno a la democracia con la presencia de Perón en la Argentina. No es poca cosa.

El Cordobazo no fue una réplica de San Petersburgo ni un ensayo de la Comuna de París. En el lenguaje marxista podría decirse que aquellas condiciones objetivas y subjetivas que dan cuenta de una crisis revolucionaria no existían, por más que en la superficie de los hechos el aire estuviera poblado de imágenes y mitos revolucionarios.

En aquellos meses de 1969 la dictadura militar fue derrotada y todo el sistema de dominación impuesto por los militares desde 1955 deberá ser revisado. El error de muchos fue creer que la crisis de dominación de la dictadura incluía la crisis final del capitalismo. Ese error de diagnóstico se pagará muy caro años después, pero en 1969 nadie tenía la bola de cristal y todos, todos sin excepción, nos sentíamos acogidos por el generoso viento de la historia en un tiempo donde no parecía descabellado cambiar el mundo y cambiar la vida.

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29 de mayo de 1969. Por Rodolfo Walsh*

Trabajadores metalúrgicos, del transporte y otros gremios declaran paros para los días 15 y 16 de Mayo, en razón de las quitas zonales y el no reconocimiento de la antigüedad por transferencias de empresas.

Los obreros mecánicos realizaban una asamblea y son reprimidos, defienden sus derechos en una verdadera batalla campal en el centro de la ciudad el día 14 de Mayo.

Los atropellos, la opresión, el desconocimiento de un sin números de derechos, la vergüenza de todos los actos de gobierno, los problemas del estudiantado y los centros vecinales se suman.

Se paraliza totalmente la ciudad el 16 de mayo. Nadie trabaja. Todos protestan. El gobierno reprime.

En Corrientes es asesinado el estudiante Juan José Cabral. Se dispone el cierre de la Universidad.

Todas las organizaciones estudiantiles protestan. Se preparan actos y manifestaciones. Se trabaja en común acuerdo con la CGT.

El día 18 es asesinado en Rosario, el estudiante Adolfo Ramón Bello. Se realiza con estudiantes, obreros y sacerdotes tercermundistas una marcha de silencio en homenaje a los caídos.

El 23 de Mayo es ocupado el Barrio Clínicas por los estudiantes y son apoyados por el resto del movimiento estudiantil.

El 26 de Mayo el movimiento obrero de Córdoba resuelve un paro general de las actividades de 37 horas a partir de las 11 horas, para el 29 de Mayo, con abandono de trabajo y concentraciones públicas de protesta.

Los estudiantes adhieren en todo a las resoluciones de la CGT. Los estudiantes organizan y los obreros también. Millares y millares de volantes reclamando la vigencia de los derechos conculcados inundan la ciudad los días previos.

El 29 de Mayo amanece tenso. Los trabajadores de luz y fuerza son atacados con bombas de gases a la altura de Rioja y Gral. Paz. Una vez más la represión está marcha.

Las columnas de los trabajadores de las fábricas automotrices llegan a la ciudad y son atacados. El comercio cierra sus puertas
y la gente inunda las calles.

Corre la noticia de la muerte de Máximo Mena, obrero mecánico. Se produce un estallido popular, la rebeldía contra tanta injusticia, contra los asesinatos, contra los atropellos. La policía retrocede. Nadie controla la situación.

Es el pueblo. Son las bases sindicales y estudiantes que luchan enardecidas. El apoyo total de la población.

Es la toma de conciencia contra tantas prohibiciones. Nada de tutelas ni usurpadores del poder, ni de cómplices participacionistas.

El saldo de la batalla de Córdoba, “El Cordobazo”, es trágico. Decenas de muertos, cientos de heridos. Pero la dignidad y el
coraje de un pueblo florecen y marcan una página histórica argentina y latinoamericana que no se borrará jamás.

En medio de esa lucha por la justicia, la libertad y el imperio de la voluntad del pueblo, sepamos unirnos para construir una sociedad más justa, donde el hombre no sea lobo del hombre, sino su hermano.

“Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes ni mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores. La experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan.

La historia aparece así como propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las cosas. Esta vez es posible que se quiebre el círculo…”

*Fuente: Extraído de “Periódico de la CGT de los Argentinos”. Colección Completa. Números 1 al 55.
Mayo 1968 – Febrero 1970. http://www.cgtargentinos.org

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Por Carlos “Pancho” Gaitán (*)

Los trabajadores y el pueblo argentino rememoraremos en los próximos días dos fechas históricas en las que lo social, lo nacional y lo popular tienen todo que ver.

La primera evoca la lucha de los trabajadores organizados a partir de sus albores, cuando el sindicalismo nació como consecuencia de la llamada revolución industrial, con el invento de la máquina a vapor y el surgimiento de los trabajadores industriales en las fábricas. 

Los sindicalistas de aquellos tiempos, influenciados y orientados básicamente por ideólogos anarquistas, organizados en la AIT -Asociación Internacional de Trabajadores- o Primera Internacional, acordaron luchar por la implantación de la jornada laboral de 8 horas. 

La consigna era “Por las tres 8 horas: 8 horas de trabajo; 8 horas de estudio y esparcimiento y 8 horas de descanso”. 

Se convocó -con 2 años de plazo- en Haymarket; Chicago -Estados Unidos de Norteamérica- a una huelga y manifestación el 1º de mayo 1886. 

La concentración culminó en disturbios producidos por provocadores, comenzó una brutal represión, vino la respuesta de los trabajadores y los conflictos duraron 5 días. Hubo muertos y heridos. 

Terminó con el juzgamiento de dirigentes anarquistas que fueron sindicados como responsables, la condena de 5 de ellos a la horca, y de otros a prisión y trabajos forzados. 

Estos fueron los “Mártires de Chicago” que la 2ª Internacional tomó para simbolizar en ellos la expresión de lucha por la jornada de 8 horas. Desde 1890, se conmemora como “Día Internacional del Trabajo” y desde entonces se dan para esa fecha jornadas de lucha en todo el Mundo. 

En Argentina, a partir de la aparición del peronismo, en la gesta popular del “17 de Octubre” de 1945 y habiendo logrado la incorporación de la clase trabajadora al protagonismo político y social, a la dignificación del trabajo y los trabajadores, el 1º de Mayo se incorporó como festividad. “Hoy es la fiesta del trabajo…” comienza diciendo el himno creado para recordar la fecha. Desde entonces fueron jornadas de festividad y lucha, según la situación política concreta que se viviera en el país, en democracia o en dictadura; con equidad o con injusticia durante gobiernos proscriptivos. 

A partir de 1955 (y hasta el regreso de Perón) cuando la Dictadura Fusiladora tomó el poder; la conmemoración del 1º de mayo se incorporó en la lucha de la Resistencia Peronista, protagonizada fundamentalmente por la clase trabajadora y en particular por su juventud. 

En Córdoba, epicentro de los hechos septembrinos producidos por la alianza reaccionaria de oligarcas y burgueses con sectores de las Fuerzas Armadas y el clero, acompañados por un equipo de “Comandos Civiles” compuesto en su mayoría por jóvenes estudiantes y de la denominada “lumpen-burguesía”, fueron desde el mismo 16 de setiembre, enfrentados por la militancia peronista. 

El movimiento sindical, al que le habían tomado sus sedes, detenido y proscrito a miles de sus dirigentes, fue rápidamente reconstituyendo y reorganizando sus cuadros y organizando sus estructuras. Ya en 1955, Andrés Framini de Textiles y Luis Natalini de Luz y Fuerza, asumieron como dirección nacional emergente de la CGT. En poco tiempo, los trabajadores de sectores industriales fundamentalmente, habían reorganizado los sindicatos y en el intento de Congreso que llevó a cabo el Capitán de Marina Patrón Laplacette en 1957, nacieron las “62 Organizaciones Peronistas” y comenzaron a dirigir el Movimiento Obrero y consolidar la estructura. 

La CGT Regional Córdoba en 1957 ya estaba en marcha y pudo ser la anfitriona del Plenario convocado por la CGT y las “62” en la localidad serrana de La Falda, donde el Movimiento Obrero definió un Plan de Gobierno. 

El mismo preveía en el sector agro – ganadero la consigna de “la tierra para el que la trabaja”, definía el comercio exterior como una actividad soberana de la nación; proponía el control obrero de la producción y participación de los trabajadores en las empresas públicas y privadas y preveía una seguridad social integral y universal para todos los trabajadores y sus familias. Andrés Framini fue el orador de fondo. 

En esta provincia, la llegada al Gobierno Nacional del Dr. Frondizi trajo como consecuencia que en la CGT unitaria, se expresaran tres sectores que competían entre sí: los Ortodoxos, con el liderazgo de Alejo Simo de la UOM; los Legalistas, con el liderazgo de Elpidio Torres de SMATA y los Independientes, con el liderazgo de Agustín Tosco de Luz y Fuerza. 

En 1962, nuevamente, la CGT de Córdoba es anfitriona de las “62 Organizaciones”, reuniéndose esta vez en Huerta Grande. Previamente, el peronismo había ganado las elecciones el 18 de marzo. En Buenos Aires, con Andrés Framini como candidato a gobernador. Diez días después, los militares derrocaron al Presidente Frondizi y anularon las elecciones. 

En Huerta Grande el Movimiento Obrero lanza un Programa de 10 Puntos en el que plantea la nacionalización del sistema bancario; el control del comercio exterior; la nacionalización de los sectores claves de la economía; la abolición del secreto comercial y la planificación nacional del esfuerzo productivo. 

En 1966 fue derrocado el débil Presidente Illia y “el sargento tropero” General Onganía, impone una dictadura fascistoide y anti comunista que ataca al estudiantado y a la intelectualidad. Los jóvenes estudiantes se reencuentran esta vez con los trabajadores y descubren el Movimiento Obrero organizado; la posterior aparición de la CGT de los Argentinos les va a servir de refugio, contención y orientación en la militancia política y popular. 

Onganía es parte de la política militar de Estados Unidos e impone la teoría de “las fronteras ideológicas”, en el marco de la “Doctrina de la seguridad nacional”. Comienza entonces la estrategia de “la complementación de las armas” a nivel regional, para que puedan operar los ejércitos de cada país en el vecino y se establecen las bases para el consiguiente “Plan Cóndor”. Comienza una represión de nuevo tipo con “detenidos desaparecidos”, siendo sabidos, los casos del asesinato del dirigente de prensa Emilio Jáuregui en junio del 69 y del secuestro y desaparición, en la plaza Lorea, del Dr. Néstor Martins y de su cliente Nildo Zenteno, en diciembre de 1970. 

En 1968, en el congreso normalizador de la CGT Nacional, se impone el sector combativo y surge como Secretario General de la CGT, Raimundo Ongaro, de la Federación Gráfica Bonaerense. Por decisión de los Delegados se la denomina “CGT de los Argentinos” para diferenciarla del otro sector que, al perder la votación de la Comisión de Poderes, se retira y se refugia en el local oficial de la calle Azopardo, quedando el movimiento sindical dividido. 

Se reorganizan las Regionales de la CGT. En Córdoba el sector ortodoxo y el sector independiente se incorporan en masa a la CGT de los Argentinos. Del sector “legalista” solo AOMA (mineros) con la conducción de Lino Verde, “por razones políticas e ideológicas”, se incorpora a la misma. Fue una de las Regionales más fuertes del interior del país. 

En este período la política económica manejada por Krieger Vasena al servicio del imperialismo norteamericano desquicia la economía, en particular el sector azucarero y la CGT divulga el cartel diseñado por el pintor Ricardo Carpani, con la consigna: “¡¡¡Tucumán Arde!!!”, que graficaba la situación límite del interior provinciano. 

1968 y 1969 fueron dos años de notable y creciente agitación y luchas populares y estudiantiles y de protestas en todo el país. 

En 1969 el estudiantado comienza un plan de lucha nacional. En Corrientes reclama por el precio del comedor universitario. Son reprimidos, asesinan al estudiante Cabral. Los sigue Rosario, en donde asesinan al estudiante Bello y al día siguiente a un joven trabajador metalúrgico, estudiante secundario de 15 años de apellido Blanco. 

En Córdoba, días después, asesinan a Santiago Pampillón y la situación es ya insostenible para la dictadura, que establece “Consejos de Guerra” con derecho a declarar la muerte por fusilamiento de los que subviertan el orden establecido. 

Hay -en esta Provincia- paros de metalúrgicos, de trabajadores del transporte automotor -liderados por Atilio López- y de otros gremios, los que desarrollan sucesivos conflictos, que desembocan el 14 de mayo en una gran confrontación que va a ser reprimida salvajemente por la policía. El 21 los estudiantes paralizan sus actividades, participando también los centros vecinales, y el 23 se toma el Barrio Clínicas, en Barrio Alberdi. Todo el mundo protesta. Raimundo Ongaro estuvo en Córdoba el 26 y 27 de mayo en reuniones con los Dirigentes locales. La agitación y la protesta se convierten en un fenómeno nacional y generalizado. 

La CGT de Córdoba -centro industrial vital en ese momento- convoca el 26 a un paro general por 37 horas, con movilización, a partir de las 11 horas de la mañana del día 29 de mayo de 1969. 

Llegado ese día, los trabajadores organizan columnas desde distintos puntos de la Ciudad. Los trabajadores mecánicos del SMATA son, indudablemente, la columna más numerosa. Miles de trabajadores parten de la Planta de Santa Isabel -sede de la fábrica Káiser – Renault, hacia el centro, con su secretario general Elpidio Torres a la cabeza. 

Los trabajadores de Luz y Fuerza, encabezados por Agustín Tosco, arrancan desde las principales usinas donde han concentrado a todos sus trabajadores junto a otros gremios afiliados a la CGT del nucleamiento ‘Independientes’. 

Los Metalúrgicos arrancan desde el este de la Ciudad con Alejo Simo; los trabajadores del transporte liderados por Atilio López, arrancan desde las terminales. El estudiantado está nucleado fundamentalmente en el barrio Clínicas y en el de Ciudad Universitaria y desde varias facultades empiezan todos a extenderse como una mancha de aceite hacia el centro de la ciudad. Hay preocupación en las fuerzas represivas. En primer término, policías y gendarmes, montados. Con sables en ristre. Ha comenzado a sumarse la población civil y empiezan a avanzar desde los barrios populares. 

La primera confrontación la “aguantan” trabajadores y estudiantes “a pata firme” y sin recular. La pedrea se convierte en una nube. Las fuerzas represivas se sorprenden de la reacción. Nadie huye. Se desplazan en avances y retrocesos. Se anoticia la existencia del primer muerto. Es Máximo Mena, un obrero mecánico afiliado del SMATA. 

Comienzan los incendios de las firmas transnacionales y los bancos. Es el caos total. 

Onganía ordena la represión por parte del ejército. El general Alcides López Aufranc, a quien en el enfrentamiento entre azules y colorados llamaron “el Zorro de Magdalena”, por haber tomado por asalto a la base de inteligencia de la Marina – los estudiantes cordobeses, por su parte, le llamaban “El Tero de la Calera” – intentó retomar Barrio Clínicas, que se había convertido en un bastión, y debió contar con el acompañamiento del Comandante en Jefe Agustín Lanusse, los que lograron, luego de casi tres días de combate desigual y uso de material pesado, con muchos muertos, más heridos, presos y perseguidos, restablecer el orden. 

El Cordobazo tuvo el protagonismo del Movimiento Obrero cordobés, con la decisión de sus cuerpos orgánicos, que fueron los que realizaron la convocatoria y con la participación de la militancia sindical y los trabajadores, que fue sustancial. También los estudiantes, con una gran capacidad de agitación y movilización y la población en general, que se sumó, fundamentalmente, por medio de sus estructuras barriales y políticas y el espontaneísmo de los vecinos, que arrojaban cosas para quemar en las miles de fogatas que se armaron en cada cuadra, amén de los grupos organizados, que participaron cada uno según sus posibilidades. 

El Cordobazo no tiene dueño: fue, a partir de una situación inaguantable, una expresión de protesta violenta y masiva de la población contra la dictadura militar, donde cada actor social y grupo político le puso su propio contenido. 

La presencia masiva y la participación militante del Movimiento de trabajadores, unida a la acción y la capacidad de activismo del estudiantado, fueron la característica y el preanuncio a la dictadura de que se estaba gestando en la entraña del pueblo un estado de ánimo dispuesto a no aceptar más la violación de los derechos humanos y sociales a los pueblos latinoamericanos. 

(*) Ex Secretario General de la Federación Latinoamericana de Trabajadores de las Industrias y la Construcción (FLATIC); ex Coordinador de la Acción Sectorial Latinoamericana CLAT-CMT y ex Vicepresidente de la FMTI. 

Fue Delegado de la CGT de los Argentinos para apoyar en Córdoba el proceso de convocatoria y participación de la CGT Regional en su incorpo-ración a la CGT de los Argentinos. La noche del Plenario de la CGT Regional Córdoba para incorporarse a la CGT de los Argentinos, fue secuestrado por elementos civiles miembros de la Policía Federal, en el Bar Akrópolis, frente a la CGT, antes de que comenzara el Plenario. Fue también Delegado reorganizador en la Regional Tucumán. Posteriormente fue, hasta el 24 de marzo de 1976, miembros del Comité Central Confederal de la CGT unificada. 

Fuente: Rebanadas de Realidad, 28.05.11

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El Sindicato homenajea el camino recorrido por la organización.


A 25 años de la creación de Hijos e Hijas por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio (H.I.J.O.S) desde el Sindicato Argentino de Docentes Privados (SADOP) celebramos, saludamos y homenajeamos el camino recorrido por ese grupo de jóvenes militantes, que supieron convertir el dolor individual en lucha colectiva, en organización y en una inquebrantable voluntad de búsqueda de Memoria, Verdad y Justicia.Herederos y herederas de las banderas de nuestras Madres y Abuelas, portan el ADN de nuestros 30.000 compañeros y compañeras y son garantía del Nunca Más en la Argentina.

¡La única lucha que se pierde, es la que se abandona!   


Patricia Mounier
Secretaría de Derechos Humanos
SADOP-CDN

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