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Güemes: el héroe gaucho que está sólo y sigue esperando

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Por Mario Casalla

Es increíble que recién hace pocos años  se haya «descubierto» (para el resto del país) la importancia clave del General gaucho, Martín Miguel de Güemes.

Sostén solitario de la frontera norte sin el cual no hubiera habido Congreso de Tucumán en 1816, con el Ejército del Norte destrozado y retrocedido.

 Socialmente un «peronista avant la léttre» con la creación del «fuero gaucho» (un verdadero «estatuto del peón» del siglo XVIII), un militar valiente y un estratega de fuste.

Finalmente un «traidor a su clase social» y un pionero en eso de una «opción preferencial por los pobres». Razón por la cual fue la propia oligarquía quien lo traicionó, lo emboscó y la mató. Y hoy le rinde su culto «descafeinado» y turístico.

La misma oligarquía salteña que cada día, como el de hoy, se disfraza de gaucho (con bombachas y blusas impecables), poncho rojo y negro y la peonada detrás  (organizada en «Fortines» con el nombre de su finca o localidad) y con cara de piedra hacen su desfilecito por el centro de la ciudad y su monumento sacando pecho y saludando como «opas solemnes», como estatuas de sal y barro que sólo aguantan un par de horas «jugando a la tradición».

Por fuera de todo eso está el Pueblo llano que lo adora (que organiza sus fogoncitos donde lo vela, en los pueblos y barrios humildes), aquellos por donde la TV no pasa y los turistas (cuando los hay) tampoco.

Para quiénes se atrevan ahí están los tomos de «Güemes Documentado» (edit. Depalma y gratis por la internet) esperando que nuestr@s pensador@s argentinos y latinoamericanos se decidan a estudiarlo entero y en sus propias fuentes.

Este año del Cincuentenario de la Filosofía de la Liberación, del Paradigma de la Liberación, es un buen momento para empezar. Para lo cual tampoco es imprescindible ser historiador de oficio. Este General, igual que varios otros nacionales y populares, son mucho más que «personajes históricos» de escuela primaria o láminas de las ya inexistentes revistas Billiken y Anteojito. ¿O se habrán muerto también en ellos? ¡Esperemos que no!