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La historia oficial y la historia nacional

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«Serás lo que debas ser o no serás nada»

Continuando con esta serie de presentación la Secretaría de Relaciones Internacionales de SADOP con la colaboración de nuestro compañero Vicente I Serra, tomamos como introducción esta expresión del General José de San Martín como una aptitud a la que la persona debe aferrarse para alcanzar su autorrealización, que sería de nuestra América si él no hubiera seguido su instinto o su vocación más profunda.

José de San Martín

Sus orígenes

Juan de San Martín, futuro padre de nuestro Libertador era un soldado español, teniente del ejército real al que, con 17 años de servicio, se lo trasladó al Río de la Plata. El Gobernador Ceballos lo destinó al adiestramiento de milicias y luego a la comandancia del Partido de las Vacas y Víboras, en la Banda Oriental.

En 1767 se produjo la expulsión de los jesuitas, y don Juan fue designado administrador de una gran estancia que había sido propiedad de la orden, llamada Calera de Vacas, en el lado oriental.

Los padres del libertador: Juan de San Martín y Gregoria Matorras

Allí se casó por poder con Gregoria Matorras en 1770, y al poco tiempo los esposos se reunieron en Buenos Aires. En esa estancia nacieron los tres primeros hijos: María Elena, Manuel Tadeo y Juan Fermín. En 1774 el gobierno designó a Juan de San Martín Tte. Gobernador del departamento de Yapeyú, una de las mayores reducciones de las Misiones, que quedó abandonada luego del extrañamiento de la Compañía de Jesús. Allí nació Justo Rufino y el benjamín José Francisco, el 25 de febrero de 1778.

Pero la región estaba en un permanente estado de intranquilidad a causa de la invasión de los bandeirantes que ocupaban tierras y esclavizaban indios, y de los guaraníes, yaros y charrúas que habían abandonado la organización social enseñada por la orden. Doña Gregoria Matorras, con sus hijos marchó a Buenos Aires en busca de paz. El capitán San Martín la siguió poco después en 1781, no sin antes haber entrenado un cuerpo protector de milicianos guaraníes.

¿Origen mestizo?

El prestigioso historiador Hugo Chumbita y otros investigadores respaldan la idea de que nuestro Libertador es hijo natural de Diego de Alvear, Comisario de Límites en las Misiones y Rosa Guarú,  indiecita guaraní criada de la familia. Vicuña Mackenna refiere a que San Martín “había servido a la independencia americana porque la sentía circular en su sangre de mestizo”.

La inexistencia de la partida de bautismo, y documentos existentes en el Museo Histórico de Rosario, avalan esa teoría.

Es notable que, cuando Remedios conoció a José, le impresionó que fuera oscuro. Su madre se opuso al casamiento con ese “soldadote plebeyo de oscuro origen”, al que sus enemigos llamaban tape o negro.

En Chile los opositores le decían “el mulato San Martín”, por su piel cobriza; y en Perú “cholo de Misiones”. Él mismo, antes los indios pehuenches, al solicitarles permiso para cruzar la cordillera, declaró “yo también soy indio”.

De todas maneras, el origen y el color de la piel para nada modifican la admiración y gratitud que tenemos por el prócer de la independencia de tres países. Por el contrario, deberíamos estar orgullosos que el Padre de la Patria sea un hijo de la tierra americana.

A España

En 1784 Juan de San Martín, luego de los correspondientes permisos, se dirige a Cádiz con doña Gregoria y sus cinco hijos. Posteriormente se radicaría en Málaga donde el capitán San Martín continuaría su carrera militar y a la que ingresarían los cuatro varones.

José Francisco se inició como cadete en el 2º regimiento de Murcia, llamado El Real y cuyo uniforme era celeste y blanco. Tenía 11 años. Luego fue trasladado a las colonias de Ceuta y Melilla al norte de África para pelear contra los moros. Su bautismo de fuego sería en Orán. Al estallar la guerra con la Francia Revolucionaria, su regimiento entró en combate en distintos frentes.

Los enfrentamientos estaban en su apogeo cuando José Francisco, de 15 años, era ya oficial. El Tratado de Basilea firmado en 1795 trajo la paz con Francia, pero España se enemistó con Inglaterra que entró en guerra contra ambos países. San Martín presta servicios en la Real Armada y combate contra la flota del almirante Nelson. Es oficial de tropa en varios navíos y llega a ser tomado prisionero por los ingleses.

La guerra

En 1804 Napoleón se coronó emperador de Francia, y España, que seguía siendo su aliada, debió sufrir la importante derrota de Trafalgar que otorgó a Inglaterra el dominio de los mares.

1807 fue el año de la invasión a España de los ejércitos napoleónicos, con la excusa de atacar Portugal, aliada de Inglaterra. Al año siguiente Madrid y luego toda España se alzan contra Francia iniciando la Guerra de la Independencia.

San Martín era capitán del Regimiento de Campo Mayor comandado por el marqués de Coupigny. Ésta división entró en combate con una partida francesa en Arjonilla y el joven capitán tuvo un desempeño descollante que le valió ser designado ayudante de campo de Coupigny, aunque casi pierde la vida.

Una batalla decisiva fue la de Bailén donde un poderoso ejército de 50.000 plazas venció a los franceses en 9 horas de combate. Coupigny reconoció el valor de José Francisco, de 30 años, al que ascendió a Tte. Coronel y le otorgó una medalla. Continuó luego en diferentes destinos: Sevilla, Torres Vedras y Cádiz.

En esta ciudad San Martín toma contacto con la Sociedad de Caballeros Racionales, logia fundada en Londres por el Precursor Francisco Miranda, con filiales en otras ciudades y a la que también perteneció Bolívar. Originalmente llamada Gran Logia Americana, tenía por finalidad reunir americanos que querían la independencia de su patria. Inglaterra tenía un principal interés en desmembrar la américa española por lo que alentaba los intentos independentistas.

El destino americano

El Tte. Coronel San Martín pidió el retiro del ejército español y en setiembre de 1811 partió a Lisboa con destino a Londres donde se reunió con otros oficiales patriotas que prestaban servicios en Europa, ahora comprometido con la revolución americana a través de las logias creadas, dirigidas y, a veces, financiadas por Inglaterra.

En enero de 1812 se embarcó en la fragata inglesa “George Canning” con destino a Buenos Aires, en compañía de Carlos María de Alvear, el Barón de Holmberg, el capitán Francisco de Vera, Francisco Chilavert, el alférez de navío José María Zapiola y otros oficiales que se presentaron al Triunvirato y ofrecieron sus servicios a la patria que estaba en guerra con España desde la Revolución de Mayo de 1810.

San Martín se alojó en la fonda de los Tres Reyes. Alvear, ya casado, vivió en su casa familiar y ayudó a entablar relaciones a ese joven conocido en Buenos Aires que tenía una importante foja de servicios y lucía un hermoso sable corvo comprado en Londres.

Los granaderos a caballo

El Triunvirato encargó a San Martín la formación de un regimiento de su especialidad, de a caballo, y le reconoció el grado de Tte. Coronel. Inmediatamente se dedicó a la creación de cuatro escuadrones de tres compañías cada uno. Diseñó su uniforme, su armamento y el reglamento para su funcionamiento.

Personalmente se ocupó de la formación de cada oficial y eligió cada granadero. Lo acompañaron Alvear y Zapiola y se sumaron otros que serían sus jefes en las campañas: Necochea, Escalada, Pacheco, Guido, Soler, Lavalle, Cajaraville.

Los españoles que dominaban Montevideo con una importante flota, atacaban localidades ribereñas del Paraná y el Uruguay. A fines de 1811, Belgrano fue enviado a la Villa del Rosario a montar dos baterías para hostilizar su navegación. También San Martín con sus flamantes granaderos, fue destinado a evitar ataques y desembarcos, patrullando las costas del Paraná.

El casamiento

José empieza a relacionarse con la sociedad porteña a través de Carlos María de Alvear. Con él y Zapiola organizan la Logia Lautaro como sucursal de la de Cádiz y Londres. Frecuenta las tertulias, y en una de ellas conoce una niña de 14 años, hija de una de las familias más poderosas política y económicamente: María de los Remedios Escalada. José tiene 34 años.

En agosto, tramita licencia para contraer matrimonio y se casa en la catedral el 12 de setiembre de 1812; lo apadrinan Alvear y esposa. No se puede descartar la conveniencia tanto de San Martín como de la familia Escalada en la unión matrimonial.

Al poco tiempo, la logia depone al débil Primer Triunvirato e impone la designación del segundo, con ideas más liberales e independentistas.

El combate de San Lorenzo

La actividad de San Martín es frenética. Al frente de sus granaderos parte de Buenos Aires el 28 de enero de 1813, por el camino de las postas, llegando el 2 de febrero a San Lorenzo en espera de la escuadra realista cuyos movimientos vigila. Desde el convento San Carlos divisa los fanales de los barcos anclados en medio del río.

En el patio, se forman los granaderos en número de 120, más 52 milicianos de Escalada, jefe de armas de Rosario. Los españoles, al mando del capitán Zabala son 250, transportados en cuatro naves de guerra y diez embarcaciones menores.

Entre el convento y la barranca hay una explanada de unos 300 metros que San Martín consideró apropiada para una carga de caballería. Al amanecer del 3 de febrero, observa que la tropa realista desembarca en botes y se dirige a la costa. Divide sus fuerzas en dos grupos y toma el mando de la segunda división; la otra queda a cargo del capitán Bermúdez. Ordena no disparar un solo tiro; sólo a sable y lanza.

Al llegar los godos arriba de la barranca, en una maniobra de pinzas son sableados impiadosamente por los patriotas en una acción que dura 15 minutos. San Martín salvó la vida gracias a la ayuda del negro correntino Juan Bautista Cabral, al ser derribado su caballo y herido de sable. Los realistas tuvieron 40 muertos y los patriotas 6. Se recuperó armamento.

Quizás sin mucha importancia desde el punto de vista militar, el combate mostró una presencia, evitó el comercio realista con el Paraguay e impidió nuevos saqueos. San Martín se restableció de sus heridas en compañía de su esposa y los granaderos se sumaron al sitio de Montevideo.

El Ejército del Norte

Mientras, Belgrano luego de la victoria de Salta sufre las derrotas Vilcapujio y Ayohuma. Es sustituido en el mando por San Martín, ascendido al grado de Sgto. Mayor (General) quien viaja a Tucumán en compañía de Martín Miguel de Güemes, capitán de caballería, destinado a Buenos Aires. Debe insistirle el Triunvirato en su obligación de asumir el mando, porque no quería ofender a Belgrano al que respetaba y consideraba su superior.

Un breve conocimiento del terreno y las indicaciones de Güemes lo convencieron de que era imposible vencer a los españoles por el camino del Alto Perú. Aconsejó dejar la defensa en manos de los gauchos salteños y, a causa de recurrentes fiebres fue a Córdoba a restablecerse.

Confió su Plan Continental a sus amigos Guido y Rodríguez Peña: cruzar la cordillera, liberar Chile, pasar por mar a Perú y tomar Lima, para unirse con las fuerzas de la Gran Colombia.

A Córdoba le llegó la noticia de la rendición de Montevideo, de la derrota de Napoleón y la vuelta al trono de Fernando VII. A su pedido, fue designado por el Director Posadas, Gobernador Intendente de Cuyo, para preparar el cruce de la cordillera, rumbo a Chile.

El ejército de los Andes

Con el apoyo del pueblo, desde Mendoza comenzó la formación del ejército que debía liberar a Chile tras la derrota de Rancagua. La base fue el contingente de Auxiliares Chilenos que comandaba el Cnel. Las Heras. Se sumaron milicianos cuyanos y el batallón N° 8 de esclavos libertos llegados desde Buenos Aires. Desde allí también se unieron dos escuadrones de granaderos y posteriormente otros dos. Hacia fines de 1815 el ejército contaba con 1.600 soldados de infantería, 1.000 de caballería y 250 artilleros.

Los problemas eran muchos, como la necesidad de armas, pólvora, uniformes y suministros. El pueblo cuyano, hombres y mujeres, dieron todo su apoyo. El franciscano Luis Beltrán se hizo cargo de la maestranza y la armería. Se sumaron arrieros, boyeros, herreros, mineros y baqueanos.

En el campamento de El Plumerillo se hacia la instrucción y la práctica de tiro. La designación de Pueyrredón como Director Supremo, facilitó la ayuda en armamento, artillería y dinero. Hacia fines de 1816 estaba listo un poderoso ejército. San Martín se ocupaba también de las tareas de gobierno de la región, que abarcaba Mendoza, San Juan Y San Luis.

En Mendoza fue el mayor lapso que tuvo con su esposa, y concibió a su hija. Pero no había tiempo para el descanso ni la familia porque llegaba el verano, indicado como apropiado para ponerse en movimiento por el deshielo de la cordillera.

La cordillera

El General diseñó el cruce por seis pasos, en un frente que se extendía por 800 kilómetros. 5.500 hombres de las tres fuerzas fueron movilizados, al mando de 3 generales y 230 oficiales. Portaban 18 cañones mayores y artillería de calibre menor; 1.500 caballos de combate y 10.500 mulas. El 19 de enero de 1817 partió la columna principal al mando de O’Higgins por Los Patos; la seguía San Martín. Por Uspallata cruzó Las Heras con la segunda columna y la artillería. Cuatro grupos menores cruzaron también con la finalidad de confundir al enemigo.

San Martín ordenaba avances y detenciones. Se produjeron encuentros militares menores y se logró la meta de reunirse en el valle del río Aconcagua el 8 de febrero. Desde allá se avanzaría hasta la cuesta de Chacabuco para dar la batalla que derrotaría de un solo golpe a las fuerzas españolas comandadas por Marcó del Pont.

Chacabuco

Éste puse al mando al brigadier Maroto que estimó las fuerzas patriotas en un número bastante menor. San Martín decidió iniciar la batalla al amanecer del 12 de febrero de 1817, con una maniobra envolvente con 2.000 hombres al mando de Soler por el oeste, y 1.500 de O’Higgins por la retaguardia.

Maroto retrocedió con sus 3.500 hombres desplegados y O’Higgins lo atacó, cuando le habían ordenado solo distraerlo. El chileno se encontró con fuerzas que los superaban en número. Alertado San Martín, ordena a Soler arremeter con la caballería; toma la bandera de los Andes para arengar a la infantería que se reagrupara y atacara, y manda a la reserva de tres batallones de granaderos que emprendan contra la retaguardia realista.

Maroto pierde el control y sus últimos batallones formados en cuadro, deben rendirse ante los furibundos ataques patriotas. San Martín ordena sus fuerzas a las afueras de Santiago, en espera de la batalla final. O’Higgins entra en la capital, es designado Director Supremo y en 1818 proclama la independencia de Chile.

Cancha rayada

Pero un poderoso ejército español de 3.400 hombres había salido del Perú por mar rumbo a Chile, al mando del brigadier Osorio. Con sus fuerzas reagrupadas y la llegada de refuerzos chilenos, los patriotas reunían 7.500 soldados.

Los realistas se dividieron en tres batallones, con la esperanza de sorprender durante la noche del 19 de marzo de 1817, al campamento criollo, guiados por los fogones encendidos. Se inició el ataque con fuego de fusilería desde varios lugares. Los patriotas, confundidos, se desbandaron. O’Higgins fue herido en un brazo. Las Heras logró reunir 3.500 hombres, sin municiones ni caballada. Con ellos se dirigió a Santiago y en un día de marcha forzada logró juntar a 500 combatientes más, e informar a San Martín que salió a su encuentro. Se habían perdido 120 hombres y 22 cañones.

Maipú

Se acercaban las tropas españolas a Santiago y con acuerdo de su Estado Mayor, San Martín decide dar la batalla final a 10 kilómetros, en Maipú. En la capital quedaron 1.000 milicianos al mando de O’Higgins. Los patriotas se decidieron por la ofensiva; Osorio tomó una posición defensiva.

El 5 de abril de 1818 los dos ejércitos se enfrentaron. El realista, de 4.000 bayonetas. El fuerte patriota era la caballería y la artillería. Los Dragones de la Frontera iniciaron una carga a caballo, luego del fuego de artillería y fusilería, pero dos batallones de granaderos los arrollaron y persiguieron.

Otros dos batallones realistas con 3.500 hombres se lanzaron en forma escalonada volcando a su favor la parcialidad del resultado. Fueron detenidos por la artillería patriota chilena. Las Heras, al ver que se demoraban, ordenó la carga de la reserva. La caballería de ambos bandos se batía con energía; pero esta vez fue la infantería la que, con enormes pérdidas, decidió la batalla.

La guerra en Chile estaba concluida y San Martín viajó a Buenos Aires para discutir con Pueyrredón la consecución de su Plan Continental.

Campaña del Perú

Llegó a Buenos Aires el 11 de mayo de 1818 y solo pudo verse unos pocos días con su esposa Remedios y su hija Mercedes. Convenció al gobierno de apoyar su plan. Necesitaba refuerzos, armas y una flota para llegar al Perú por mar.

En junio regresó a Mendoza y cruzó a Chile, donde avanzaban las gestiones para adquirir una escuadra. A tal efecto, se comisionó a personas de su confianza para comprar naves y conseguir oficiales navales en Londres y los Estados Unidos. Fue contratado lord Thomas Cochrane, prestigioso marino inglés, como comandante de la flota.

Comenzaron a llegar las naves a Valparaíso y se tomó una presa española que se sumó a la flota. El ejército que partiría al Perú ya sumaba 4.500 hombres que en 36 naves rumbearían para Lima.

En el interín, San Martín recibió la orden de dejar Chile y dirigirse a Buenos Aires para defenderla del asedio de las fuerzas de Artigas. Desobedeció: no quería participar de conflictos internos; pero se enemistó con el gobierno de su patria que no perdonó su actitud.

El Directorio cayó en Buenos Aires y ya no se recibiría ningún tipo de ayuda. San Martín reunió en Rancagua a sus oficiales que lo ratificaron al mando del Ejército Libertador.

En agosto de 1820, la flota chileno-argentina zarpó de Valparaíso con San Martín como comandante a despecho de Cochrane, y después de una costosa navegación de 19 días, desembarcó a 200 kilómetros de Lima, en Paracas. Las Heras se apoderó de Pisco, desde donde el Libertador lanzó su proclama de independencia y libertad al pueblo peruano.

En Lima

Los sucesos de España favorecieron a los patriotas. La sublevación de Riego, militar liberal, impidió que un ejército reconquistador realista llegara a Buenos Aires. Mientras, en Perú, el virrey Pezuela intenta negociar con San Martín en base a la nueva constitución liberal española, por lo que fue derrocado por los partidarios de la monarquía y en su cargo se designó al Gral. de la Serna.

Comenzaron las conversaciones para lograr la independencia del Perú dentro de ciertas condiciones y sin derramamiento de sangre. San Martín y sus oficiales se reunieron con de la Serna en Miraflores, pero no se llegó a ningún acuerdo.

El 6 de junio de 1821 el virrey abandonó Lima y San Martín, que llegó solo con un ayudante, convocó a un Cabildo Abierto. En mitad de camino entre Lima Y El Callao situó su campamento.

Con el apoyo del pueblo limeño el 28 de julio en la Plaza de Armas proclamó la independencia decidida por una Junta General reunida a su pedido y enarboló la nueva bandera del Perú; pronto comenzó su tarea de gobierno.

Impuso la pena de muerte a ladrones y saqueadores; hizo quitar escudos y emblemas españoles del frente de los edificios; dispuso la libertad de esclavos que se unieran a su ejército; impuso un empréstito obligatorio, pero con cuota voluntaria.

En agosto se proclamó Protector del Perú y asumió el mando político y militar, designando sus ministros. No tenía ansias de poder pero la logia le impuso el cargo como forma de evitar una probable anarquía. Pero el ejército de de la Serna aún permanecía en la sierra y contaba con fuerzas muy superiores.

Con Las Heras planeó tomar la fortaleza de El Callao que defendía el puerto. Pero chocó con las aspiraciones de lord Cochrane que quería negociar la entrega del tesoro que se encontraba en el fuerte, a cambio de naves para el retiro del comandante español.

Es cuando el general español Canterac va en apoyo de El Callao y se refugia en su interior. San Martín se da cuenta que ha cometido un error porque las provisiones de la fortaleza pronto se acabarían. Así fue y El Callao se rindió.

Conflictos

Parecía que se acercaba el definitivo triunfo porque los patriotas dominaban Lima y medio Perú que se había quedado sin flota. Las deserciones realistas estaban a la orden del día. Pero San Martín no se decidió a dar batalla porque continuaban sus peleas con Cochrane, ahora solo interesado en apoderarse de los tesoros de la esplendorosa Lima.

En su obra de gobierno, el Libertador comete el error de mantener los títulos de nobleza y organizar la Orden del Sol como una nueva aristocracia. Su amante en Lima, la bella Rosa Campusano, de 25 años, es una de las distinguidas con la orden. Todos conocen la relación. Ella vive con José en la casa del virrey y la llaman “la Protectora”.

Pero sus actividades en su gobierno son importantes: ordenó la libertad de hijos de esclavos nacidos luego de la independencia; abolió la mita y el trabajo personal de los indios; suprimió la Inquisición; prohibió los azotes en las escuelas y los tormentos en las calles; impuso la libertad de imprenta y las elecciones populares en las ciudades. Motivo de conflicto fue el reparto de tierras confiscadas a los españoles entre sus jefes militares y la distribución de parte del tesoro -500.000 pesos- entre los oficiales. Esto generó resentimientos y rivalidades.

Conociendo la tendencia monárquica del Libertador, los opositores, la antigua nobleza y los propietarios de esclavos, comenzaron a llamarlo “Rey José”. San Martín no quiso reaccionar de manera violenta y mostró su costado más humanista. Como militar, dijo: “debería fusilar a algunos cuantos”.

San Martín comprendía también que sin la ayuda de Argentina, de Chile y de Bolívar, no podría concluir la campaña libertadora. Rivadavia, desde el gobierno porteño no ofreció ninguna ayuda y más, se ofreció como ¡mediador! ante el virrey. Chile ya había aportado mucho y los problemas con Cochrane eran permanentes.

Simón Bolívar bajaba triunfante luego de las victorias de Bomboná y Pichincha, en 1822, con la ayuda de una división peruana de 1.300 hombres. Con Sucre entra victorioso en Quito. Colombia estaba liberada. San Martín le escribe que serían bienvenidas sus tropas para concluir la campaña del Perú.

Guayaquil

Bolívar se encontraba en Guayaquil luego de su ocupación militar desde junio de 1822. Varias cartas ya se habían escrito y San Martín insinuaba su próximo retiro puesto que había prometido a la logia gobernar al Perú sólo un año. El 26 de julio el Protector desembarcó con sus jefes y edecanes ante el entusiasmo del pueblo guayaquileño. Se abrazaron con Bolívar y se retiraron a conferenciar durante una hora y media. Luego recibieron homenajes y acordaron seguir conversando al día siguiente. Lo hicieron durante casi cinco horas. Después compartieron un banquete y a la noche San Martín se embarcó para Lima.

Mucho se habló de esta entrevista; lo principal fue la amistad entre los libertadores y la determinación de concluir con la dominación española en América, con la unión de los dos ejércitos. La diferencia radicó en que José pidió tropas a Bolívar para terminar la campaña del Perú, incluida la del Alto Perú. Simón sólo le ofreció 1.070 hombres, insuficientes ante la magnitud del ejército realista que sumaba casi 20.000 plazas.

San Martín le envió la respuesta definitiva por carta junto con el regalo de dos pistolas, una escopeta y un caballo de paso, y le decía que su decisión era retirarse de Lima, renunciar al protectorado y al mando militar, “quedando a Ud. la gloria de terminar la guerra de la independencia de la América del Sur…”. Le anunciaba también que las tropas con las que había llegado al Perú quedaban al mando de Arenales.

San Martín y Bolívar se respetaron y admiraron mutuamente; sólo los que querían una América desunida hablaron de rivalidades y enemistades que en ningún momento fueron reales.

El regreso

De regreso a Lima, se entera de que hay denuncias en su contra por desmanejos económicos en su contra, de llevar una vida suntuosa a costa de los caudales públicos, de querer perpetuarse en el poder. Mediante decreto, reúne el primer Congreso Constituyente el día 20 de setiembre de 1822 y presenta la renuncia. Le otorgan el título de Fundador de la Libertad del Perú y el mando militar de los ejércitos de mar y tierra, con una pensión vitalicia. Se lleva el estandarte de Pizarro que le fuera obsequiado, la campanilla de la Inquisición y un perrito. Algún diario continúa aún con su campaña de descrédito.

En Perú queda su ejército que le da la victoria a Bolívar en Junín y, con la comandancia de Sucre, el 6 de agosto de 1824 termina la dominación española en la definitiva batalla de Ayacucho, “la más gloriosa victoria”. De este modo quedaron atrás tres siglos de dominación realista. A España sólo le queda en América el dominio sobre Cuba y Puerto Rico.

San Martín se embarca para Valparaíso donde lo espera una galera oficial con escolta mandada por O’Higgins para transportarlo a Santiago. Se aloja en una quinta del Director donde tiene vómitos de sangre quizás por una vieja úlcera; es atacado por fiebre tifoidea y cree morir. En 60 días se recupera y vende una chacra de su propiedad que no logra cobrar.

El gobierno del Perú le remite 2.000 pesos que le permite cruzar la cordillera en mula por octava vez. En Mendoza se aloja en la casa de su amiga Josefa María de los Ríos, a quien deja su famoso sable. Luego toma como residencia su chacra de Los Barriales donde cría caballos de raza. Allí es donde recibe la comunicación de que su esposa está grave por la tuberculosis y requiere su presencia. Decide viajar a pesar de que sabe que puede ser detenido en Buenos Aires por su desobediencia en Chile, o atacado por partidas en el camino. El gobernador de Santa Fe, Estanislao López le escribe: “…a su solo pedido estaré con la provincia en masa a esperar a V.E. en El Desmochado, para llevarlo en triunfo hasta la Plaza de la Victoria”.

Pero ya era tarde para Remedios de Escalada, que falleció el 3 de agosto de 1823, a los 26 años.

Remedios de Escalada
En Buenos Aires

San Martín parte de Mendoza en dirigencia rumbo a Buenos Aires, en un viaje de 14 días. Algún diario celebra su presencia pero otros son despectivos hacia su persona. Por las calles llegan hasta silbarlo. Desde el gobierno lo vigilan. La relación con su familia política no es buena, pero se hace cargo de Mercedes, su hija de 6 años. Pone en alquiler la propiedad que era del matrimonio y encarga una lápida para la tumba de Remedios: “Aquí yace Remedios de Escalada esposa y amiga del General San Martín”.

El 19 de febrero de 1824 se embarca rumbo a Francia, con su hija, en la nave “Le Bayonnais”.

En El Havre secuestran y revisan su equipaje y por documentos de tinte republicano, le deniegan su estadía. Recuperados sus documentos, se embarca rumbo a Southampton en el Reino Unido. De allí a Londres donde deja pupila a Mercedes en un colegio.

A Europa

En Londres el Libertador se encuentra con amigos y camaradas de armas. En el condado de Banff recibe el reconocimiento como ciudadano distinguido. Hace una vida social destacada y se festeja y reconoce su actuación en América. Enterado de que Rivadavia está en la ciudad, trata de hallarlo para retarlo a duelo, pero sus amigos lo convencen que no es bueno para la causa americana.

Pero no puede llevar una vida rumbosa porque su economía se lo impide. Londres es caro. Busca para residir un lugar dentro de sus posibilidades. Recala en Bruselas donde deja a su hija en un internado educativo y alquila una propiedad con jardín para cultivar flores, uno de sus entretenimientos.

Pero su economía es deficitaria. Perú dejó de mandarle los haberes de su pensión. Debe mudarse a una casa más barata en un barrio marginal. Sigue escribiendo y contestando correspondencias. Se entera de la vuelta de 102 granaderos del Ejército de los Andes a Mendoza, entre ellos 7 que lo acompañaron en San Lorenzo.

Al Río de la Plata

San Martín tiene 50 años y ofrece sus servicios al gobernador de Buenos Aires, su ex jefe de estado mayor, Gregorio de Las Heras, para sumarse a las tropas nacionales en guerra contra el Imperio del Brasil. Viaja a Canterbury por unos días y luego se embarca en un vapor con documentos que dicen que se llama José Matorras. En Río de Janeiro se entera de la revolución encabezada por Lavalle y el fusilamiento de Dorrego.

En Montevideo recibe amigos que le cuentan de los sucesos, que mucho lo disgustan. Lavalle le ofrece el gobierno, que rechaza: “mi sable, no, jamás se desenvainará en guerra civil”. En pocos días regresa a Europa en el barco que lo había traído a estas tierras.

El retorno

Ya de vuelta, en viaje a Londres, vuelca el coche que lo transporta sufriendo una profunda herida en el brazo que le traería bastantes problemas porque no se hace atender. De regreso a Bruselas, escribe a Lima requiriendo el envío de su pensión. También a O’Higgins para que interceda en su favor, al no obtener respuesta.

En Bélgica se produce un levantamiento popular y la posibilidad de entrar en guerra contra Holanda. El gobierno le ofrece el mando de los ejércitos, cargo que rechaza.

Decide radicarse en París en una modesta casade alquiler. Ante nuevas gestiones, recibe 3.000 pesos de su pensión peruana que sirven para pagar deudas y los gastos de casamiento de su hija.

El 13 de diciembre de 1832 Mercedes, de 16 años, se casa con el Dr. Mariano Balcarce, médico, a quien había conocido en ocasión de contagiarse el cólera junto a su padre. Mariano era hijo del viejo compañero del Libertador y residía en París en misión diplomática. San Martín escribe: “Triste es pensar que el vestido de novia de esta hija bienamada fue debido a una limosna”. El matrimonio se instala en la vivienda del General.

Alejandro Aguado

Providencialmente se encuentra con Alejandro Aguado, compañero de armas e íntimo amigo cuando eran militares en España. Dedicado a los negocios y finanzas había hecho fortuna como banquero de la corona española y obtenido el título de marqués. Aguado lo ayuda económicamente, lo designa albacea testamentario y tutor de sus hijos, y le lega una valiosa colección de monedas, medallas y joyas.

Con su ayuda, el General compra en 1834 la casa de Grand Bourg en las afueras de París, donde continúa sus tareas de jardinería. Mercedes y Mariano lo acompañan.

San Martín en sus cartas dice que es feliz a pesar de sus problemas de salud, porque reaparecen los dolores de viejas heridas, los vómitos de sangre y ciertos problemas de corazón. Se dedica a la carpintería, a colorear litografías marinas, a limpiar sus armas y a jugar con su perrito. Lee y escribe correspondencia. Se frecuenta con Aguado recordando aventuras de juventud. Con cierta frecuencia concurre a las termas de Roma y Florencia que alivian sus dolores reumáticos.

En 1833 nace su nieta Mercedes y en 1836 Josefa, la Pepa. Toda la familia vive junta en Grand Bourg. San Martín pasea a caballo, juega con las niñas y puede comprar otra casa en París cerca de la de Aguado. Su situación económica evidentemente ha mejorado.

Una larga vida

En 1839 Juan Manuel de Rosas lo nombra Ministro Plenipotenciario ante el gobierno de Perú, pero el Libertador rechaza la designación. El gobierno de Chile lo reincorpora al ejército y le remite sueldos atrasados. También lo invita a radicarse en el país trasandino. Ante el fallecimiento de Aguado, debe ocuparse de la tutoría de sus hijos y de la administración de sus bienes.

Son muchos los argentinos que lo visitan, entre ellos Alberdi y Sarmiento.

Se encuentra en Italia cuando toma conocimiento del bloqueo anglo-francés al puerto de Buenos Aires. Ofrece sus servicios a la Confederación en carta a Rosas. Los diarios de Londres y el Parlamento francés comentan sus críticas y su vaticinio de que nunca podrán derrotar a nuestro país. Alaba al gobierno de Rosas y su postura de defensa de la soberanía nacional. San Marín tiene 68 años y es cuando, en reconocimiento de la firmeza de Rosas rechazando la intromisión francesa e inglesa, decide legarle su sable en cláusula testamentaria.

A los 69 años el General tiene problemas de cataratas. Decide operarse en París sin anestesia. Pero el éxito de la intervención es relativo. Aún escribe y lee con dificultad. Sus nietas lo ayudan leyéndole diarios y libros.

En 1848 un movimiento revolucionario impone en Francia la tercera república. Enemigo de esas tribulaciones, y con 70 años, decide radicarse en Boulogne-Sur-Mer, en las cercanías del canal de La Mancha, a donde llega en tren. Con su familia ocupa el segundo y tercer piso, en una casa de cuatro. Mariano es agregado diplomático de la Confederación Argentina, ante el gobierno francés.

Problemas de salud

Sigue prefiriendo los asados y guisos criollos. Toma café con leche en mate con bombilla, a falta de yerba. Se levanta siempre muy temprano. Fuma en pipa o cigarros de chala que él mismo arma.

Pero está casi ciego. Todavía tiene la afición de tocar la guitarra y jugar al ajedrez. Sus dolores se acentúan: “en casa vieja todas son goteras”, dice. Por sus dolores debe recurrir con cierta frecuencia a calmarlos con opio como analgésico y sigue frecuentando las termas.

Rumbo a la gloria

Reaparecen los ataques de Cólera. Tiene accesos de tos que a veces se transforman en vómitos de sangre. Ha perdido peso porque no tiene apetito. Su estado físico se ha deteriorado. En agosto de 1850 insiste en dar un paseo en carruaje. Camina con dificultad; hay que ayudarlo a subir a su habitación. Ya tiene 72 años.

Lo asiste una religiosa enfermera y su hija Mercedes. Recurre al opio intentando calmar dolores y su estado asmático. El 14 de agosto parece moribundo, pero se repone a la tarde. Duerme sentado.

El 17 se empeña en levantarse y, en la habitación de su hija, pide le lean los diarios. Comienza a tener frío. A su hija Mercedes le dice “ésta es la fatiga de la muerte”. A las 14, entra en agonía. Mariano Balcarce lo toma en brazos y lo lleva a su habitación y, poco después de una convulsión, a las 15, fallece de un shock hemorrágico.

En Buenos Aires y Perú se celebran funerales y ceremonias públicas. Su hija no se anima a cerrarle los ojos, y de esa manera es embalsamado por disposición familiar.

Según su deseo es llevado al cementerio: había escrito en su testamento “prohíbo el que se me haga ningún género de funerales, y, desde el lugar en que falleciere, se conducirá directamente al cementerio, sin ningún acompañamiento; pero sí desearía que mi corazón fuera depositado en Buenos Aires”.

Su cuerpo se inhuma en la cripta de la iglesia católica de San Nicolás en Boulogne-Sur-Mer. Luego es trasladado al panteón familiar de Balcarce en el cementerio de Brunoy.

En 1880 el gobierno de Avellaneda dispone repatriar sus restos embarcándolos en el puerto de El Havre. El Presidente y el Embajador del Perú pronuncian sendos discursos en la ceremonia fúnebre, al llegar a Buenos Aires, a pesar de su pedido en contrario. Una carroza de 16 caballos negros traslada sus restos hasta un monumento en el Campo de Marte, en El Retiro.

Se dispuso su inhumación definitiva en la catedral de Buenos Aires luego de un engorroso trámite porque la iglesia no permitía el ingreso de un masón. Por eso su mausoleo no está sobre la nave central, si no a la derecha, en un recinto lateral. En tres urnas lo acompañan los restos del soldado desconocido caído por la patria, la de Tomás Guido, su amigo, y la del Gral. Las Heras.

Su legado

Fue el apóstol de la libertad de América a la que consideró siempre su patria. Sacrificó vida y familia en ese anhelo que dejó trunco y en manos de Bolívar el acto final.

Fue un guerrero y un humanista que lamentó el derramamiento de sangre americana. Pero finalmente pudo exclamar: “Nuestros anhelos han sido recompensados con los santos fines de ver asegurada la independencia de la América del sur”.

Había dicho que ser feliz es imposible presenciando los males que afligían a su desgraciada América. Pero en Francia, entre su hija y sus nietas, en sus cartas pudo escribir ¡ahora sí soy feliz!