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Las realidades de las escuelas privadas agrotécnicas

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Por Mario Almirón
Secretario General
SADOP-CDN

Los docentes de las escuelas privadas agrotécnicas padecen un modo relación, sujeto a la costumbre rural, basado en el esquema orden-obediencia. Los educadores no están por fuera de ésta dinámica cultural de vieja raigambre. Esto se manifiesta en el contenido de las tareas que realizan, desplazadas del sentido pedagógico y asentadas en la asistencia de alumnos en regímenes de internados, su cuidado. En definitiva, velar por la integralidad de los chicos, lo que apareja una responsabilidad civil de la cual el docente no está adecuadamente resguardado. 

En muchos casos los educadores asumen tareas como propias del quehacer docente y no son siquiera remuneradas (horas extras semanales y fines de semana). La jornada laboral se desdibuja y excede lo prescripto, ya que en general muchas escuelas agropecuarias están alejadas de la comunidad y hay un itinerario de acceso al lugar de trabajo y regreso al hogar, que requiere un tiempo que no es considerado tiempo laboral. 

Además, en general el transporte no es provisto por el empleador, así como tampoco su costo. El docente llega a trabajar de acuerdo a sus posibilidades. 

La jornada completa se extiende por sobre lo que versan los recibos de sueldo

La jornada completa se extiende por sobre lo que versan los recibos de sueldo y en el caso de las escuelas con régimen de alternancia, el educador deja su casa por días o semanas, debiendo adecuarse su contexto familiar a esa forma de trabajo. Si bien esto se considera natural en contextos rurales de grandes y dificultosos recorridos, para acceder al colegio, no debe perderse de vista que sigue siendo un plus que el docente aporta en bien del proceso. 

La actual transferencia de recursos al sector agropecuario debiera (al menos, pero suena utópico) movilizar a la patronal a revisar las condiciones de los trabajadores docentes de sus escuelas, considerándolos trabajadores de la educación y reconociéndoles sus derechos.