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La Educación Técnico Profesional como instrumento de desarrollo humano y proyección social

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Por Rafael Guirado

Prosecretario de Relaciones Internacionales de SADOP

 

Los cambios políticos y democráticos que se comenzaron a producir desde 2002-2003[i] han permitido superar los procesos de crisis, inicialmente económicas, que tuvieron su marcada influencia social, afectaron a nuestras identidades nacionales y tuvieron como base las nefastas experiencias de la aplicación de recetas neoliberales impuestas por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

            Estos cambios, en algunos casos sustanciales, se continúan produciendo como defensa de una nueva manera de abordar las problemáticas nacionales que potencia y prioriza la proyección social de nuestra población. Dichas políticas, que tienen como meta el crecimiento real y sostenido de nuestras economías, conllevan también a un crecimiento real de la Región. A nuestro entender, este último tiene dos ejes fundamentales: la educación y el trabajo. Hablar de educación y trabajo nos permite proyectar y desarrollar mecanismos vinculantes, que a su vez van alimentando un círculo virtuoso en el cual la educación, y en particular

            Cada uno de nuestros Estados Partes del MERCOSUR, como también los Estados Asociados, han desarrollado políticas de desarrollo real que significaron para el conjunto de la Región un crecimiento sostenido promedio del orden de 6,5 por ciento anual. Aquí entran en juego los procesos de re-industrialización, el aumento de valor agregado a las cadenas de producción de materias primas, los desarrollos de obras de infraestructura y la renacionalización de las empresas nacionales, como también la racional explotación de los recursos naturales. A esto debemos sumar el desarrollo y la potenciación de industrias no tradicionales, que adquirieron una importancia antes inédita.

            Esta profundización de la reindustrialización, como así también de los nuevos polos de desarrollo zonales y regionales, han permitido cambiar las metas que el neoliberalismo había prefijado desde mediados de la década del 70 para nuestra Región (la producción de materia prima sin elaborar y la generación de servicios). Recordemos que estas fórmulas neoliberales necesariamente tuvieron su correlato en la desjerarquización de la fuerza laboral que llevó implícito el desmembramiento –si no la destrucción– del Sub-sistema de la Educación Técnico Profesional.

            En la República Argentina, la Ley Federal de Educación y la transferencia de los servicios educativos de nivel medio a las jurisdicciones provinciales tuvieron como objetivo la desarticulación de la Educación Técnico Profesional a cargo del Consejo Nacional de Educación Técnica (Co.N.E.T.). La Educación Técnico Profesional había sido el instrumento formativo creado durante los procesos de industrialización de nuestro país tras la Segunda Guerra Mundial, con el primer gobierno del General Perón, en el que, recordemos, se comenzó a articular Educación-Trabajo a partir del primer plan sistematizado de sustitución de importaciones, el mismo objetivo hoy tan atacado por los resabios del neoliberalismo de nuestra región.

            Esta desjerarquización de la Educación Técnico Profesional de Nivel Medio y la depreciación de los Centros de Formación Profesional fueron impulsadas por organismos internacionales como uno de los tantos mecanismos para destruir el aparato productivo nacional, situación que, de una forma u otra, se vio evidenciada en toda la Región. Así, pasamos de contar con una formación de calidad que respondía a las necesidades productivas de las distintas regiones de nuestro país a la carencia total de técnicos de nivel medio que pudieran coordinar los escasos procesos productivos que perduraron.

            Hoy, estamos frente a nuevos desafíos que, desde lo político, nos permiten sostener que nuestros Estados Nacionales y la Región en su conjunto han adquirido la madurez política necesaria para volver a pensar que es posible una Patria Grande Latinoamericana. En este sentido, el MERCOSUR, desde sus aspectos específicamente sociales, está en condiciones de poder potenciar esta nueva etapa sosteniendo los procesos de crecimiento, tanto a nivel nacional como regional. Concretamente, estamos frente a un Nuevo Proyecto Nacional, que trabaja fuertemente convencido en la consolidación de un Nuevo Proyecto Regional, en un clima de respeto por las propias identidades y reconocimiento de las asimetrías, que obviamente subsisten y sobre las que también se debe trabajar.

            Los mecanismos de profundización referidos al intercambio comercial intra-regional –que pueden y deben ser perfectibles– nos permiten percibir un futuro en el que sea necesario avanzar en la Formación Técnico Profesional desde los Estados Nacionales, y hacia la región en su conjunto a través de la complementariedad y el intercambio de experiencias formativas, siempre teniendo en cuenta las disparidades y asimetrías de nuestros sistemas formativos específicos. Si ya encontramos diferencias en el conjunto de la Educación Media en la Región, ¿cómo no encontrarlas específicamente en la Educación Técnico Profesional? Cada uno posee características particulares, tanto en lo referido a la carga horaria y al nivel de los respectivos sistemas educativos en los que se encuentra, como así también en los distintos mecanismos y opciones formativas que, hoy por hoy, cada vez son más necesarias para acompañar los procesos productivos que se están desarrollando en una progresión geométrica en la Región. Por ello es que sostenemos que debemos reconocer a los Estados como garantes y responsables principales de generar las condiciones que permitan alcanzar el pleno ejercicio del derecho personal y social a la educación.

            Al atender estas complementariedades entre Estados e intra-estados, surgen necesidades que demandan una formación orientada a la apropiación por parte de los estudiantes de los conocimientos, habilidades, aptitudes, actitudes, valores culturales y éticos correspondientes a un perfil profesional. Además, la trayectoria formativa debe integrar los campos de la formación general, la científico-tecnológica, la técnica específica, como así también el desarrollo de prácticas profesionales y dominio de técnicas apropiadas para su inserción como profesional específico. Es entonces necesario promover un saber técnico y tecnológico, con sustento teórico científico de base, que permita que nuestros alumnos intervengan con total idoneidad en los procesos productivos que nos están permitiendo pasar de productores de materias primas a productores de productos terminados con alto valor agregado.

            Por esto, el carácter de la Educación Técnico Profesional de nivel medio es estratégico, en términos tanto de desarrollo humano y social como de crecimiento económico. Es imprescindible valorar su estatus social y educativo otorgándole identidad propia.

            Argentina ha dado un paso muy importante al sancionar la Ley Nacional de Educación Técnico Profesional Nº 26.058 que permitió superar el relegamiento al que la había sometido el neoliberalismo, predominante desde marzo de 1976 y profundizado por la transferencia de los servicios educativos a las provincias en 1993 y 1994.

            A nivel regional, y como un elemento más para aportar a nuestros respectivos modelos de desarrollo nacionales, vemos la necesidad imperiosa de comenzar a trabajar en la armonización de nuestras estructuras, sabiendo per se la complejidad que esto conlleva. Pero nos vemos impulsados, sobre todo, por la necesidad de revitalizar los mecanismos educativos que permiten aportar y consolidar la vinculación Educación-Trabajo.

            Creemos que esta es una tarea del conjunto, donde se deben implicar y comprometer distintas áreas específicas además de la educación. Esta tarea no es de unos pocos, sino de todos. Son justamente todos los “ingredientes” los que hacen a la generación de un círculo virtuoso: el desarrollo productivo de nuestros países, la promoción de un mercado de trabajo integrador y la educación en todos sus niveles. Esto produce un fuerte impacto individual sobre la trayectoria de vida de nuestros adolescentes y jóvenes, así como también sobre el bienestar de la población en su conjunto.

            El actual contexto de reactivación y baja de los niveles de desempleo brindan la oportunidad para mejorar la realidad de nuestras generaciones jóvenes. Más allá de las grandes transformaciones vinculadas a la informática y a las comunicaciones, nuestros mercados de trabajo siguen siendo segmentados, ya que muchos sectores de actividades industriales y servicios integrados mundializados, conviven, y en general se alimentan, de insumos producidos por pequeñas y medianas unidades de producción, las que también demandan (con sus limitaciones presupuestarias) de trabajadores con un nivel de conocimiento tecnológico que responda a esas necesidades.

            Finalmente, debemos tener en cuenta un aspecto interesante respecto de la formación Técnico Profesional: la articulación de la formación científico-tecnológica con la educación formal y la terminalidad de los niveles educativos. Además, se promueve la generación de propuestas que desarrollan itinerarios formativos continuos (de la mano de la necesaria actualización tecnológica), como así también la posibilidad de la incorporación al sistema educativo formal, promoviendo en especial la terminalidad de trabajadores con saberes específicos adquiridos en el ámbito laboral, lo que favorece justamente la tan necesaria proyección social de nuestra población.

Conclusiones

¿Qué debemos aportar, concretamente, desde la educación, a la inserción social y también laboral de jóvenes que tienen, por lo menos, 35 años de vida productiva por delante? ¿Cómo contribuir desde la educación al desarrollo productivo? ¿Cómo establecer un vínculo virtuoso entre trabajo digno, saberes tecnológicos y escuela?

            Debemos ser conscientes del protagonismo que nos cabe en esta nueva era que le toca vivir a la Región, en la que el Proyecto Nacional y el Regional implican, por sobre todo, la construcción colectiva de nuestras sociedades y en la que la vinculación con la Educación Técnico-Profesional es indiscutible.

            Por otra parte, debemos resaltar la tarea que lleva adelante el CONETyP (Consejo Nacional de Educación, Trabajo y Producción), a través del INET (Instituto Nacional de Educación Tecnológica), como expresión del diálogo social constructivo no “consensualista”. Por eso ponderamos este ámbito, del que participan empresarios, sindicatos y docentes, lo que permite la construcción de criterios comunes. Valoramos que éste siga manteniendo su vigencia y continuidad, aún en las peores épocas.

            Un aspecto que no podemos obviar en este análisis, que también tiene implícito un respetuoso reclamo, es que la formación técnica tradicional ha sido avasallada por la tecnificación cada vez más creciente de los distintos procesos productivos. Esto tiene como correlato que la formación específica de los saberes para el trabajo no debe estar exclusivamente enfocada a una actividad y rama productiva específica, sino hacerse de acuerdo a una visión amplia, reflexiva y crítica sobre el mundo del trabajo. Justamente, este aspecto es el que hace de sustento al respaldo y fortalecimiento que la Escuela Media –en su conjunto– necesita, y la Educación Técnico Profesional es un espacio específico de la misma. Esto demanda generar acciones proactivas que permitan a las instituciones de nivel medio, y específicamente a las de Formación Técnico Profesional, incidir de modo directo en el desarrollo regional a través de la transferencia de conocimiento y tecnología. Indirectamente, esto permitirá orientar la inversión educativa en base a dichos procesos de planificación estratégica.

            No podemos dejar de puntualizar como una necesidad la promoción que debemos hacer de una mayor articulación entre las tecnicaturas de nivel medio, las de nivel superior y las carreras universitarias de la misma especialidad y de especializaciones afines. Esto genera un espacio de formación profesional continua, que está garantizando la actualización tecnológica de los estudiantes, egresados y también de los mismos docentes. En este sentido, se hace imprescindible la generación de un ámbito regional de participación de los distintos sectores, tanto públicos como privados, que estén vinculados a la Educación Media con especificidad en la vinculación educación-trabajo. Esto permitirá recuperar y dar mayor identidad a la Educación Técnico Profesional en todos sus niveles y modalidades, adquiriendo un mayor protagonismo en los distintos espacios productivos, como también incrementar la credibilidad para los entornos sociales y productivos. Asimismo, consideramos a la promoción de la cultura del trabajo como uno de los elementos fundamentales que deben prevalecer.

            Hay que tener en cuenta la aceleración de los procesos de construcción de los catálogos de ofertas educativas específicas, y profundizar los mecanismos y normativas para la homologación regional de las titulaciones tanto de nivel medio como de superior no universitario.

            Estos mecanismos permitirán propender a promover la capacitación y actualización continua de los docentes en aspectos referentes a Nuevas Tecnologías, nuevas modalidades de planificación y demás aspectos pedagógicos, y sobre aspectos que hacen a los nuevos enfoques de la psicología juvenil. No debemos olvidar que el docente técnico no es solamente un idóneo en su conocimiento específico, sino también –y por sobre todo–, es un docente. Esto permitirá reforzar aún más los contenidos de las ciencias básicas y del campo tecnológico.

            A futuro, debemos promover la necesidad de intercambio de docentes entre los Estados Partes, con el fin de promover la integración en aspectos que hacen a la actualización pedagógica y tecnológica. Ninguno de nuestros Estados puede abarcar por sí solo todas estas áreas, sin una idea de complementariedad con los otros, desde la misma ayuda técnica y el intercambio de experiencias.