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En tiempos de elecciones es imprescindible revindicar los derechos humanos como políticas de estado y como marco transversal, la diversidad.

Un estado que  garantice las condiciones para que la diversidad sea parte de una construcción social y una sociedad dispuesta a la transformación.

Y cuando digo sociedad hablo de padres que eduquen a sus hijos en valores, docentes disponibles para recibir a todos sus estudiantes,  escuelas que les den la bienvenida a cada sujeto que se acerque a ella, empresarios que apuesten a la inclusión de personas con discapacidad en sus lugares de trabajo y así, cada uno de nosotros con una mirada dignificadora para los demás.

Tener confianza en el otro, creer en el otro, darle la oportunidad al otro. De eso se trata generar un espacio para todos, donde todos seamos parte de la transición.

Y para ser cómplices de esta transición es indispensable revalorizar nuestros  derechos y obligaciones, siendo  oportuno cuestionarnos si:

-¿Cómo  sociedad  estamos  dispuestos  a convivir con la diversidad y ofrecerles lo que cada uno necesita? Claramente no.

¿Existen sanatorios accesibles con  camillas  y aparatología adaptada? ¿Existen teatros, cines, centros comerciales y aeropuertos habilitados para admitir a toda la población? ¿Existe personal  capacitado para acoger a personas sordas o ciegas para realizar trámites o denuncias?

¿Nos pusimos a pensar que si no están dadas las condiciones  con sistemas de apoyo para todos les quitamos autonomía a  las personas  y vulneramos sus derechos atravesados por los prejuicios?

Respetar la voluntad y el derecho de las personas con discapacidad es una obligación.

Habitualmente solemos leer noticias como “persona con parálisis cerebral logró su título” o “adolescente de la villa ingresó a la universidad “como excepciones ,cargadas de prejuicios sin poder ver que no es un  mérito  personal sino  el ejercicio de su propio derecho  como ser social y claramente con  la oportunidad para poder  lograr su objetivo.

Como deuda pendiente, nuestro  país  debe enfocar  la mirada hacia las barreras que imposibilitan  el pleno desarrollo de las  personas  gozando de sus derechos y logrando  su autonomía.

Reconocer la diversidad y pensar en un país para todos, sino como sociedad habremos fracasado.

Una sociedad que habilite distintos recorridos porque cada persona funciona de una manera única.

Un país donde se escuche la voz de todos, y pensar en los que no tienen vos, un país donde pensemos en la violencia de género pensando en aquellas mujeres que están imposibilitada de hacerlo por su discapacidad, no por su condición sino porque no le ofrecemos otra manera de reclamar.

Un país con oportunidades para todos, donde cada uno tenga la posibilidad de elegir y cuando digo todos, no debería ser  necesario nombrar cada colectivo,  mujeres, hombres, niños, personas con disfunción funcional, como bien lo define la profesora Silvina Peirano, “cada uno funciona de una manera diferente”, ancianos, homosexuales, lesbianas, transexuales, por nombrar algunos, pero como aún no naturalizamos una sociedad como diversa, hace falta nombrarlos.

Política hacemos todos, si entendemos a la política como la toma de postura frente a algo o a alguien, entonces cuidado, ¿qué postura vamos a tomar como ciudadanos frente al otro para construir una sociedad para todos?

Prof. Sandra Ferrero
Docente de apoyo a la Inclusión

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Cómo construimos nuestra mirada hacia la discapacidad y así los lugares donde creemos deben estar.

De acuerdo al modelo social, implícito en nuestra Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (ley 26.378), pasamos a centrar el análisis, en los derechos de la  persona con discapacidad y su propósito es “promover, proteger y asegurar el goce pleno y en condiciones de igualdad de todos los derechos humanos y libertades fundamentales por todas las personas con discapacidad” (art.1, primer párrafo).

Una vez más vemos en las redes que seguimos segregando cuando vemos espacios compartidos solo con personas con discapacidad, es el caso de los juegos paralímpicos, un concurso de belleza organizado solo para personas con discapacidad, apertura de un lugares bailable en una determinada franja horaria solo para personas con discapacidad  y como estos, varios ejemplos.

Esto sigue reflejando la construcción que cada sociedad hace con respecto a la discapacidad. Tal como lo dice Silvina Peirano nada es natural, todo es cultural.

Cómo construimos nuestra mirada hacia la discapacidad y así los lugares donde creemos deben estar.

Y a veces, la discapacidad nos enfrenta a nuestras limitaciones, a nuestros  temores,  a enfrentarnos con lo diferente, y a la construcción individual de cada uno con respecto a la discapacidad.

¿Quizás miedo a visibilizarnos siendo parte de un mismo espacio? ¿Un espacio atravesado  por la diversidad?

Incluir, que palabra tan discutida hoy, incluimos entre los que creemos deben estar juntos, las personas con discapacidad, las personas con síndrome de Down, los ciegos, los sordos.

¿Son necesarios estos espacios segregadores? ¿Por qué no podemos convivir todos en el mismo espacio?

Es nuestro compromiso generar espacios para todos como agentes transformadores de la sociedad, generando condiciones para que esto ocurra.

Como sujetos de derecho, este es uno, el de compartir espacios en común,

Un espacio para todos y por todos, donde las diferencias sea el eje transversal de transformación de una sociedad justa en derechos.

El derecho a estar en un lugar que los abrace como parte y no aparte.

Prof. Sandra Ferrero
Docente de Apoyo  a la Inclusión

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